La “Rúmbia”, vallesana

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El mismo año en que enterramos el efímero Punk, en 1979, nació la Rúmbia, aunque no supimos su nombre ni vimos su cara hasta principios del siglo XXI. Mientras en London, el rifirrafe entre la Dama de Hierro y los jóvenes airados germinaba en un rocanrol contagioso, en Gallecs, columna vertebral del Vallès, se estaba gestando la mutación más exitosa de la rumba: la Rúmbia.

Las casualidades no existen y por esta razón, allí vivía un grupo de artistas que esperaba el fin de la mala leche para parir una niña guapa y sonriente, movida y simpática como un solete. La Nit de Sant Joan de 1979, en las fiestas de Gallecs tocó el Gato Pérez, un señor que había cogido a la rumba de la mano y se la había llevado un poquito más lejos. El maestro Arnella, creador del calipso como patrón general para los cancioneros de los boy-scouts, y una panda de iluminados aprovecharon la coyuntura para sembrar la semilla. La Tierra, sazonada, la hizo brotar, y, despacio, un día tras otro —primero retoño, luego arbusto, y ahora ya hermoso árbol—, echó sus raíces en la comarca donde corren Fórmulas I y se fabrican Donuts y Balls de Gitanes.

El fruto de este árbol es la Rúmbia. Es sabrosa. Tiene el aroma antillano de la habanera, tabaco y ron, simple y efectiva. Cuando la muerdes, el jugo te inunda el gaznate y te obliga a mover las caderas.  Diría incluso, que si no tenéis que compartirla, se saborea mejor con los ojos cerrados. Pero si un día hay un fiestón, puede ofrecerse en grandes cestos, para que todo el mundo la coja a puñados y la disfrute lentamente.

A los melómanos os diremos que en la Rúmbia encontraréis rastros de cumbia, en la línea más gallega posible y mucha dosis de rumba, en su tendencia más rocanrolera. Es un guiso bien hecho donde los paladares más finos podrán detectar el calipso primigenio del maestro Arnella, la rumba filosófica del Gato Pérez, la cumbia Tex-Mex del Flaco Jiménez i el “tots som pops”  de nuestra amada sardana.  Así como en Jamaica el r&b se transformó en ska por la lentitud que el fumar provocaba en el guitarrista, el latido íntimo de la sardana se transforma en el “ir tirando” de la cumbia con una facilidad sospechosa. Tenemos un “Tots som pops” y en la Rúmbia encontramos un “Pops! Tots som”.

La naturaleza micológica de nuestro pueblo nos hace aparecer cual hongos en cualquiera de nuestras manifestaciones. ¿Carreras de montaña? ¡A diestro y siniestro! ¿Trial? ¡Vamos! ¿Rúmbia? ¡Que no falte! Con el cambio de siglo, confluyeron el poso de los cancioneros, los recuerdos de los Bailes de Fiesta Mayor, la cola del punk más directo y los perfumes que remontaban el río desde Barcelona. Fue entonces que algunos grupos de jóvenes tejieron una bandera del buen vivir: la Rúmbia.

La guitarra ya sabía de qué iban la rumba, el calipso y el rocanrol, pero necesitaba un compañero de viaje para ir más lejos, más adentro. Y lo encontró en el caparazón de un acordeón diatónico, el más pequeño de todos y al que se había mudado la pelotera de los “Police and Thieve” londinense. Ya no hay malas caras, todo son sonrisas, rojas y dulces, como cerezas. Desde los puertos del Maresme y desde los ríos helados había llegado una fiera salvaje, con la cumbia en el cuerpo. Enlazados, y con el niño que esperaba en la panza del buey, serían la fórmula indiscutible para disfrutar y hacer delirar.

Pero el nombre de Rúmbia no se supo hasta que no viajó a extranjero. Aunque no fue a un extranjero desconocido. En Holanda, cabecera de nuestros condados antes de ser catalanes e invernadero del fútbol clásico catalán, que en paz descanse, la Troba Kung Fú bautizó la criatura…y ahora ¡no hay quien la pare! Igual que hacen los niños en el parque, habíamos estado jugando juntos sin saber nuestros nombres, pero finalmente hemos tenido que nombrarla, sobre todo para entregarla al más allá, a las comunidades extraterrestres que la quieren disfrutar y a los seres vivos con los que compartimos ecosistema.

La Rúmbia, como las zarzas, crece por doquier, pincha y da frutos, las moras; es medicinal y sus raíces crecen en el extremo de sus ramas.

Tiene la potencia de Joaquín “Purito” Rodríguez y la resistencia de Miquel Poblet, que en gloria esté.

¡Cuidado!

 

 Pueblo agrícola del N:E: de Barcelona, que, en los años 7, se repobló de jóvenes alternativos que luchaban contra la transformación del territorio en zona industrial.

 Comarca al N.E de Barcelona.

 Jaume Arnella es una cantante y folklorista catalán que desde 1967 investiga y crea ritmos de raíz popular.

 En Cataluña. Durante los 60 y los 70, el movimiento scout fue un núcleo de resistencia lingüística y cultural en el que tuvieron mucha importancia los recopilatorios de canciones populares catalanas las de los movimientos pacifistas americanos.

 En la comarca del Vallès Oriental están ubicados el Circuito de Montmeló y la fábrica Bimbo

 Baile tradicional, muestra genuina del folklore comarcal.

 Con esta frase onomatopéyica,  el lenguaje popular reproduce el ritmo sincopado de la sardana. 

Comarca marinera al N de Barcelona

Referencia al cuento popular catalán de “El Patufet”, el niño de tamaño tan pequeño que fue tragado por un buey cuando dormía debajo de una col.